viernes, octubre 13, 2006

.: Ventanas celestecielo :.

Necesitaron de aquel aviso para saber que ya no se podía prolongar más lo necesariamente inevitable. Aquel invierno de hojas furtivas había quedado en el profundo y de seguro, también, bello recuerdo, pero para lo que para algunos era continuar, para ellos sería reorganizarse.
Acabada la ceremonia de bautismo del menor de los últimos dos nietos
que llegaron casi al mismo tiempo y sin embargo de diferentes padres y correspondientes esposas, ambas hijas, se juntaron frente al porche de la calle Pardiñas y se tomaron de la mano para cruzar de acera como hacia tiempo no lo hacían. Había una obligación de contarlo entre las hijas y yernos, pero con tanta fiesta y organización de por medio, era conveniente, pensaron, en callar lo inevitablemente certero. No necesitaron mas fuerza que la de sus propias manos para ahuyentar los temores de una calle que en otra época dio tantos disgustos pero esta vez no seria la ocasión en donde todavía habría huecos para pensamientos de segundo plano.
Sin dudar ya, al lo infernal que resultaba saberse el uno al otro y lo oculto de la situación, pactaron silencio por no preocupar a los nietos, aunque en lo más hondo de su ser sabían, que sus hijas no compartirian este tipo de noticias con los recién nacidos.

Menos la mente del hombre piensa cuando encuentra brazos en donde reparar y ellos que eran de los que pensaban que si tu matrimonio afectara tu empresa debes de cerrar tu empresa; ahora que habían aprendido a convivir y porqué no a comportarse en el pequeño almacén de San Cosme y San Damián 942.
Los esperaba en la puerta, Amanda, que se había llevado un buen susto al ver el almacén cerrado. Luego de compartir con ella las tarjetas de bautismo, él, hizo algunas bromas con respecto al no llegar tarde al almuerzo; ella, no pudo hacer mas que mirarlo desde la otra ala del mostrador en silencio, con esa mirada que le recuerda que lo conoce bien y que nada hay que agregar al comentario. Así, él, guardó silencio perdiéndose entre las risas de Amanda que desconocía, como todos los demás, la situación.
Como a ella se le notaba más que a él, lo tomo de la mano mientras acomodaba corazón de alcaucil e indicando que se iba a recostar por un momento soltó el cortinado detrás de los cajones de gaseosa para que nadie viera nada.
Acabada la organización y sintiendo que ya nada tenia demasiado significado, ni siquiera el orden de los corazones de
alcaucil dio la vuelta al cartel de cerrado- abierto para dejar ver que las luces encendidas solo prevenían que había alguien dentro del local, pero que ya no permanecerían abiertos al público. Llegar junto a ella habiendo dejado el almacén descuidado no fue lo que la alarmó, ni siquiera se detuvo a pensar si la puerta permanecía abierta o cerrada, sino el rugido de sus huesos al intentar recostarse.
Ya nada daba indicio de ser lo que toda la vida habían, ni las estructuradas ceremonias importaban demasiado.
Como se suponía ya, desde la mañana, la radio esta vez no sería encendida, la situac
ión, aunque para algunos no fuese así, implicaba un solemne luto.
Salvos ya, por haber dado la excusa del almacén, comenzaron a pensar en el almuerzo de bautismo, como añorando la cosa pero rápidamente los ganó la necesidad de darle un final a tal situación.
Después de pasar casi toda la tarde en cama, él, preguntó por la llave del gas y hornallas como todos los días consultaba antes de acabar el
día. Por fuera la casa era de persianas celestes con lo que decían que tanto por fuera como por dentro, las ventanas, transmitían cielo.
La mañana del 3 de abril, las hijas, que tanto habían refutado de sus padres, no encontrar términos medios, se jactaron de lo no esperado, o abierto o cerrado, o ventanas abiertas o ventanas celestes cielo, o bautismo o...

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